Los discursos cambian; el reparto del dinero dice qué importa de verdad.
Un gobierno puede decir que algo es prioridad en todos sus discursos. Pero si esa prioridad no tiene dinero en el presupuesto, no es prioridad.
Seguir el dinero, cuánto se aprueba, cuánto se gasta y en qué, es la forma más directa de entender qué está pasando.